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jueves, 18 de julio de 2019

Sobrevive la cultura de los cafés tradicionales en Bilbao... al menos, de momento


Por Patxi Lázaro | 

El cierre definitivo del mítico café La Granja, hace algunos años, y su substitución por un anodino complejo hotel de lujo & establecimiento de venta directa de Thermomix y aspiradoras, pone de manifiesto un hecho decepcionante e irreversible para los ciudadanos y ciudadanas a partir de cierta edad: Bilbao pierde una de sus más gloriosas señas de identidad histórica, los grandes cafés, que se remontan a comienzos del siglo XIX y acompañaron todo el proceso de formación de la moderna sociedad industrial en la Villa. Hace tiempo también cerraron el Café Boulevard y su sucesor, el Mercante, que tras haber funcionado durante algunos años, también ha echado la persiana en 2017.

De todos estos establecimientos, que también basaban su reputación en la longevidad (el Boulevard había sido fundado en 1871), solo queda en pie el Café Iruña. Algunos rumores apuntan desde hace tiempo a su cierre, sobre todo después de que el edificio en cuyos bajos se aloja, ocupando una amplia lonja de más de 300 metros cuadrados de extensión, haya sido adquido por un inversor internacional. La operación ha costado alrededor de 20 millones de euros. Más detalles no se conocen debido al clima de discreción y reserva en que se llevan a cabo este tipo de negocios inmobiliarios.

Sin embargo, existen motivos para pensar que la continuidad del Iruña está garantizada. Para empezar, su ubicación en pleno centro de la ciudad, en proximidad inmediata al metro, la estación de ferrocarril y con más de una docena de bloques de oficinas en un radio de 100 metros, lo convierten en uno de los establecimientos de hostelería potencialmente más rentables de todo Bilbao. Por si fuera poco, se encuentra justo al lado de una zona de concentración de bares y restaurantes (Ledesma y alrededores) muy transitada tanto fines de semana como durante los días laborales.

Además de ello, al propio comprador del edificio, independientemente de los planes que tenga para su inversión, no le conviene el desalojo del histórico local, que a través de un alquiler convenientemente negociado, a los tipos de mercado existentes en la zona y asumibles por una empresa hostelera de esas características, supondría una corriente de efectivo muy apreciable para la nueva sociedad gestora. Peor aun, el cierre del Iruña, junto con la pérdida de interés que supondría para esa zona, supondría una pérdida de entre el 5 y el 10% del valor de la inversión efectuada en la compra del edificio.

Por todo lo anterior, cabe el pronóstico de que el Café Iruña, que dentro de 4 años cumpliría su primer centenario de vida, seguirá funcionando, con sus artesonados, su cocina tradicional y su puesto de pinchos morunos, al menos durante un siglo más. O al menos, tiene capacidad para hacerlo, ya que cuenta con una excelente gestión profesional y pertenece a un grupo empresarial fuerte (Grupo Iruña) especializado en la gestión hostelera y de marcas tan relevantes a nivel local como Bilbao Exhibition Center o el Puerto de Bilbao. De modo que los clientes del local y los nostálgicos de la cultura de los grandes cafés, al menos dispondrán de un último santuario para sus fines de semana y la pausa del almuerzo.

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